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9 de septiembre de 2013

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Imperdible! La Ciencia Confirma que:

“El hombre puede aprender hasta el ultimo dia de su vida” y

“La creatividad puede desarrollarse e incrementarse”

Aqui los videos de la entrevista a Estanislao Bachrach, y conferencia sobre como funciona el cerebro, la toma de decisiones y la creatividad.

In Deutsch für Hein: "Man kann bis zum letzten Tag seines Lebens lernen" und "Kreativität entwickelt und gesteigert werden". Hier die Videos des Interviews zu Estanislao Bachrach und Konferenz zum Thema, wie das Gehirn funktioniert, Entscheidungsfindung und Kreativität.
Bitte Sehen den Hinweis am Ende der Post.

Entrevista:





Y aqui esta el link a la segunda parte: Estanislao Bachrach - 2 Fotos Parte B

Agradecimiento: A quien se tomo el trabajo de grabarlo y subirlo a subirlo a YouTube!


Conferencia

Aqui la charla/conferencia sobre como funcionamiento del cerebro y el desarrollo de la creatividad.

Nota: la conferencia comienza a los 18minutos! Pueden adelantarlo o tener paciencia!
Hinweis: Die Konferenz beginnt am 18minutos! Sie können zu übermitteln oder Geduld haben!


**Anmerkung für Hein: mein lieber hein meine Elektra ist fast fixiert, ich bin Testen und Installieren von Treibern, aber es fehlt wenig, um wieder zusammen sein. Bitte testen Sie, ob Sie diese Videos in youtube Simultandolmetscher sehen können. Ich machte diese Post vor allem für Sie, für Ihre Kunst, Ihre Musik! Küsse, deine XhX!
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Imperdible! La Ciencia Confirma que:

“El hombre puede aprender hasta el ultimo dia de su vida” y

“La creatividad puede desarrollarse e incrementarse”

Aqui los videos de la entrevista a Estanislao Bachrach, y conferencia sobre como funciona el cerebro, la toma de decisiones y la creatividad.

In Deutsch für Hein: "Man kann bis zum letzten Tag seines Lebens lernen" und "Kreativität entwickelt und gesteigert werden". Hier die Videos des Interviews zu Estanislao Bachrach und Konferenz zum Thema, wie das Gehirn funktioniert, Entscheidungsfindung und Kreativität.
Bitte Sehen den Hinweis am Ende der Post.

Entrevista:





Y aqui esta el link a la segunda parte: Estanislao Bachrach - 2 Fotos Parte B

Agradecimiento: A quien se tomo el trabajo de grabarlo y subirlo a subirlo a YouTube!


Conferencia

Aqui la charla/conferencia sobre como funcionamiento del cerebro y el desarrollo de la creatividad.

Nota: la conferencia comienza a los 18minutos! Pueden adelantarlo o tener paciencia!
Hinweis: Die Konferenz beginnt am 18minutos! Sie können zu übermitteln oder Geduld haben!


**Anmerkung für Hein: mein lieber hein meine Elektra ist fast fixiert, ich bin Testen und Installieren von Treibern, aber es fehlt wenig, um wieder zusammen sein. Bitte testen Sie, ob Sie diese Videos in youtube Simultandolmetscher sehen können. Ich machte diese Post vor allem für Sie, für Ihre Kunst, Ihre Musik! Küsse, deine XhX!
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18 de mayo de 2010

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HOY GRATIS! "La historia de nuestro presente"

HOY 18.05.2010 – 19HS.

ACTIVIDAD LIBRE Y GRATUITA

La historia de nuestro presente

Charla sobre los hechos políticos y económicos mas relevantes ocurridos desde la revolución de mayo.
Con la participación de:

  • Gabriel Di Meglio,
  • Klaus Gallo,
  • Daniel Muchnik y
  • Felipe Pigna

LibreriaAteneoGrand Splendid Santa Fe 1860 – BuenosAires

UNYKA Etiquetas de : , , ,

Fuente: Infinita BuenosAires

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HOY 18.05.2010 – 19HS.

ACTIVIDAD LIBRE Y GRATUITA

La historia de nuestro presente

Charla sobre los hechos políticos y económicos mas relevantes ocurridos desde la revolución de mayo.
Con la participación de:

  • Gabriel Di Meglio,
  • Klaus Gallo,
  • Daniel Muchnik y
  • Felipe Pigna

LibreriaAteneoGrand Splendid Santa Fe 1860 – BuenosAires

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Fuente: Infinita BuenosAires

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16 de mayo de 2010

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MUESTRA EN EL PALAIS DE GLACE

Bicentenario: los hitos de la Argentina según los mejores historietistas

 

En la muestra "La Patria Dibujada", que se expone en el Palais de Glace, guionistas e ilustradores dan su particular visión de la historia nacional.

25 DE MAYO DE 1810.

La Plaza de la Revolución, por Max Cachimba.AnteriorSiguiente

 

"La Patria Dibujada"
Desde el próximo jueves 20 a las 19 hasta el domingo 30 de mayo. La exhibición incluye, además, una muestra retrospectiva coproducida con la Revista Fierro que explora la historia de la historieta argentina, con charlas, talleres y dibujo en vivo.
En el Palais de Glace. Posadas 1725. Entrada gratis.

Las celebraciones del Bicentenario se están convirtiendo en una coartada perfecta para revisar la historia argentina desde todos los ángulos posibles. Durante estos últimos meses (y en los que vendrán hasta que acabe el año) han brotado un sinfín de libros, muestras de arte, programas de TV, desfiles de moda, encuentros académicos y hasta festines culinarios que reflexionan de alguna forma sobre el devenir histórico que comenzó el 25 de mayo de 1810 en estos parajes del sur de América.

La historieta, vieja pasión de los argentinos desde los lejanos tiempos de El Mosquito y Caras & Caretas, difícilmente iba a quedarse fuera de la fiesta. Su aporte a la "pompa bicentenaria" es una exposición de altísimos vuelos, titulada La Patria Dibujada, que reúne trabajos de treinta de los más grandes dibujantes y guionistas argentinos.

Selección de historietistas

Fueron convocados por la Secretaría de Cultura de la Nación para que dieran su visión de algunos de los momentos fundamentales de nuestra historia. La muestra, que tomó forma bajo la dirección artística de Juan Sasturain y abrirá sus puertas el próximo jueves en el Palais de Glace, propone un recorrido que va desde la Revolución de Mayo hasta la crisis del 2001, pasando por episodios como la Conquista del Desierto, la Semana Trágica de 1919, el 17 de octubre de 1945 o la Guerra de Malvinas.

Futbolero empedernido y envalentonado por la cercanía del Mundial, Sasturain no pudo evitar la tentación de armar su Selección Nacional de la Historieta. Para la muestra convocó a un equipo de los sueños integrado por glorias como Francisco Solano López, Horacio Altuna, Domingo Mandrafina, Carlos Trillo y Carlos Nine; tipos curtidos en mil batallas como Marcelo Birmajer, Pablo de Santis, Eduardo Risso y El Tomi, y un puñado de nuevos talentos, entre los que se encuentran Diego Agrimbau y Salvador Sanz.

Al igual que el buen fútbol, la historieta se nutre de pequeñas sociedades, por lo que la propuesta fue invitar a distintas duplas creativas (dibujante+guionista) a que plasmaran momentos clave de estos dos últimos siglos, pero no desde el punto de vista de los próceres, de los grandes protagonistas, sino a a través de la mirada de personajes de la vida cotidiana.

El resultado es una magnífica serie de diez historietas de ocho páginas cada una, que se complementan con "paisajes" de la Plaza de Mayo, a cargo de humoristas gráficos como Crist, Langer, Daniel Paz, Rep, Liniers y Gustavo Sala, entre otros. Tras la exposición, todas estas obras van a ser publicadas en forma de libro, acompañadas por imágenes de época, pinturas, caricaturas y fotografías que darán un contexto histórico y cultural a cada episodio.

El recorrido de la muestra comienza el 25 de mayo de 1810, con un relato alucinado de Alejandro Dolina y Carlos Nine en el que un pintor enamorado busca desesperadamente a una mujer imposible -una especie de espíritu metafórico de la Nación naciente-, con el trasfondo de la revolución y la masonería. Otro de los puntos altos es el episodio dedicado a la Guerra del Paraguay, realizado por Roberto Lorenzo y Francisco Solano López, quien no solamente es el dibujante de El Eternauta, sino también descendiente del mariscal Francisco Solano López, presidente paraguayo durante la guerra.

"Sasturain sabía que yo tenía unos trabajos sobre la visión desde el lado paraguayo y me pidió que hiciera algo con óptica argentina", comenta Solano. "Así que decidí mostrar la posición contraria a la guerra que tuvieron intelectuales como José Hernández y Juan Bautista Alberdi".

Muchísimo menos rigor histórico tiene La Cajita, el relato de Carlos Trillo y Domingo Mandrafina, que pone en juego una interpretación fantástica del 17 de octubre, en la que Perón conquista a las masas de trabajadores gracias los poderes de seducción de la sonrisa de Carlos Gardel.

O la visión, con aires a "novela negra" que Horacio Altuna y Pablo de Santis (la dupla más impresionante de toda la exposición) hacen de los sucesos de la Semana Trágica de 1919, cuando grupos parapoliciales de la Liga Patriótica esparcieron el terror entre los obreros socialistas y anarquistas que constituyeron el germen del sindicalismo nacional.

En conjunto, se trata de una exposición conceptualmente impecable y estéticamente deliciosa, que no sólo es una reunión de grandes autores y artistas convocados a evocar el complejo pasado histórico de nuestro país.

Puede leerse, también, como un homenaje a la historieta nacional, a la enorme importancia e incidencia que este género -de tradición plebeya y que ha sido subestimado muchas veces- ha tenido a lo largo de la historia de la cultura argentina.

Encuentro alternativo

Bajo el lema "200 años y la misma historieta", un grupo de jóvenes historietistas ha convocado a una especie de contra-evento que tendrá lugar el miércoles 19 de mayo a las 19 hs, en Yatay 334. La intención de los organizadores es denunciar las precarias condiciones en las que desarrollan su trabajo muchos autores de comics. "La Secretaría de Cultura de la Nación reconoce la existencia de los historietistas una vez cada 200 años. Mientras, los dibujantes y guionistas nos vemos forzados a la autoedición marginal, a publicar gratis en internet, a malvender nuestro arte a los editores de un casi inexistente mercado local", proclaman. Según anuncian, durante el encuentro distintos autores realizaran un fanzine colectivo que -al igual que las obras que integran la muestra del Palais de Glace, pero desde una óptica diferente- reflexionará sobre estos 200 años de historia argentina. También habrá charlas y proyecciones.

Fuente: Revista Ñ - Por: Diego Marinelli. Especial para Clarín

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MUESTRA EN EL PALAIS DE GLACE

Bicentenario: los hitos de la Argentina según los mejores historietistas

 

En la muestra "La Patria Dibujada", que se expone en el Palais de Glace, guionistas e ilustradores dan su particular visión de la historia nacional.

25 DE MAYO DE 1810.

La Plaza de la Revolución, por Max Cachimba.AnteriorSiguiente

 

"La Patria Dibujada"
Desde el próximo jueves 20 a las 19 hasta el domingo 30 de mayo. La exhibición incluye, además, una muestra retrospectiva coproducida con la Revista Fierro que explora la historia de la historieta argentina, con charlas, talleres y dibujo en vivo.
En el Palais de Glace. Posadas 1725. Entrada gratis.

Las celebraciones del Bicentenario se están convirtiendo en una coartada perfecta para revisar la historia argentina desde todos los ángulos posibles. Durante estos últimos meses (y en los que vendrán hasta que acabe el año) han brotado un sinfín de libros, muestras de arte, programas de TV, desfiles de moda, encuentros académicos y hasta festines culinarios que reflexionan de alguna forma sobre el devenir histórico que comenzó el 25 de mayo de 1810 en estos parajes del sur de América.

La historieta, vieja pasión de los argentinos desde los lejanos tiempos de El Mosquito y Caras & Caretas, difícilmente iba a quedarse fuera de la fiesta. Su aporte a la "pompa bicentenaria" es una exposición de altísimos vuelos, titulada La Patria Dibujada, que reúne trabajos de treinta de los más grandes dibujantes y guionistas argentinos.

Selección de historietistas

Fueron convocados por la Secretaría de Cultura de la Nación para que dieran su visión de algunos de los momentos fundamentales de nuestra historia. La muestra, que tomó forma bajo la dirección artística de Juan Sasturain y abrirá sus puertas el próximo jueves en el Palais de Glace, propone un recorrido que va desde la Revolución de Mayo hasta la crisis del 2001, pasando por episodios como la Conquista del Desierto, la Semana Trágica de 1919, el 17 de octubre de 1945 o la Guerra de Malvinas.

Futbolero empedernido y envalentonado por la cercanía del Mundial, Sasturain no pudo evitar la tentación de armar su Selección Nacional de la Historieta. Para la muestra convocó a un equipo de los sueños integrado por glorias como Francisco Solano López, Horacio Altuna, Domingo Mandrafina, Carlos Trillo y Carlos Nine; tipos curtidos en mil batallas como Marcelo Birmajer, Pablo de Santis, Eduardo Risso y El Tomi, y un puñado de nuevos talentos, entre los que se encuentran Diego Agrimbau y Salvador Sanz.

Al igual que el buen fútbol, la historieta se nutre de pequeñas sociedades, por lo que la propuesta fue invitar a distintas duplas creativas (dibujante+guionista) a que plasmaran momentos clave de estos dos últimos siglos, pero no desde el punto de vista de los próceres, de los grandes protagonistas, sino a a través de la mirada de personajes de la vida cotidiana.

El resultado es una magnífica serie de diez historietas de ocho páginas cada una, que se complementan con "paisajes" de la Plaza de Mayo, a cargo de humoristas gráficos como Crist, Langer, Daniel Paz, Rep, Liniers y Gustavo Sala, entre otros. Tras la exposición, todas estas obras van a ser publicadas en forma de libro, acompañadas por imágenes de época, pinturas, caricaturas y fotografías que darán un contexto histórico y cultural a cada episodio.

El recorrido de la muestra comienza el 25 de mayo de 1810, con un relato alucinado de Alejandro Dolina y Carlos Nine en el que un pintor enamorado busca desesperadamente a una mujer imposible -una especie de espíritu metafórico de la Nación naciente-, con el trasfondo de la revolución y la masonería. Otro de los puntos altos es el episodio dedicado a la Guerra del Paraguay, realizado por Roberto Lorenzo y Francisco Solano López, quien no solamente es el dibujante de El Eternauta, sino también descendiente del mariscal Francisco Solano López, presidente paraguayo durante la guerra.

"Sasturain sabía que yo tenía unos trabajos sobre la visión desde el lado paraguayo y me pidió que hiciera algo con óptica argentina", comenta Solano. "Así que decidí mostrar la posición contraria a la guerra que tuvieron intelectuales como José Hernández y Juan Bautista Alberdi".

Muchísimo menos rigor histórico tiene La Cajita, el relato de Carlos Trillo y Domingo Mandrafina, que pone en juego una interpretación fantástica del 17 de octubre, en la que Perón conquista a las masas de trabajadores gracias los poderes de seducción de la sonrisa de Carlos Gardel.

O la visión, con aires a "novela negra" que Horacio Altuna y Pablo de Santis (la dupla más impresionante de toda la exposición) hacen de los sucesos de la Semana Trágica de 1919, cuando grupos parapoliciales de la Liga Patriótica esparcieron el terror entre los obreros socialistas y anarquistas que constituyeron el germen del sindicalismo nacional.

En conjunto, se trata de una exposición conceptualmente impecable y estéticamente deliciosa, que no sólo es una reunión de grandes autores y artistas convocados a evocar el complejo pasado histórico de nuestro país.

Puede leerse, también, como un homenaje a la historieta nacional, a la enorme importancia e incidencia que este género -de tradición plebeya y que ha sido subestimado muchas veces- ha tenido a lo largo de la historia de la cultura argentina.

Encuentro alternativo

Bajo el lema "200 años y la misma historieta", un grupo de jóvenes historietistas ha convocado a una especie de contra-evento que tendrá lugar el miércoles 19 de mayo a las 19 hs, en Yatay 334. La intención de los organizadores es denunciar las precarias condiciones en las que desarrollan su trabajo muchos autores de comics. "La Secretaría de Cultura de la Nación reconoce la existencia de los historietistas una vez cada 200 años. Mientras, los dibujantes y guionistas nos vemos forzados a la autoedición marginal, a publicar gratis en internet, a malvender nuestro arte a los editores de un casi inexistente mercado local", proclaman. Según anuncian, durante el encuentro distintos autores realizaran un fanzine colectivo que -al igual que las obras que integran la muestra del Palais de Glace, pero desde una óptica diferente- reflexionará sobre estos 200 años de historia argentina. También habrá charlas y proyecciones.

Fuente: Revista Ñ - Por: Diego Marinelli. Especial para Clarín

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4 de agosto de 2009

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Con pena y sin odio - Por Marcos Aguinis*

La respuesta a la nota de horacio verbitsky

foto perfil.comEs evidente que Horacio Verbitsky suda odio y resentimiento. Por eso debe sentirse dichoso como escriba de Néstor Kirchner. Ahora lo proyecta en contra de mí con llamativa obsesión. No quería responderle para no infligirle una herida. Una profunda herida. Además, sus acusaciones son groseramente falsas y ya las he desmentido varias veces. Confieso que me cansa repetir explicaciones, máxime si se basan en calumnias. Aprendí de Arturo Frondizi que no se las debe contestar. Por último, no me agrada escribir sobre mí.

Pero en fin, dedicaré un rato a dar respuesta a las mentiras de Horacio Verbitsky. También anuncio a los periodistas que no me prestaré a seguir con un debate tan estéril. Mi atención es demandada por cosas más importantes.

Sin conocer la vida de Horacio, confieso que lo admiré cuando publicó Robo para la corona. Me pareció una investigación seria y valiente. Util para nuestro vapuleado país. Además, sentía un gran respeto y valoración por la vida y obra de su padre, el novelista y periodista Bernardo Verbitsky.

¿Por qué empiezo con la memoria de su padre? Porque Horacio la mancilla. Me explicaré mejor.

Yo había conocido al escritor Bernardo Verbitsky cuando viajó a Río Cuarto para presentar su gran novela Etiquetas a los hombres. Pudimos hacer un aparte y hablar horas. Coincidíamos en nuestra decepción del sistema soviético, pese a mantener vivos los ideales y valores de la izquierda, y estábamos irritados con quienes calumniaban sistemáticamente a Israel. Bernardo se había convencido de que el anti israelismo muchas veces encubre judeofobia. Lo expresaba en su novela y en las conversaciones. Además, había tenido el coraje intelectual de criticar a Jean Paul Sartre por haber negado el gulag soviético.

Meses después me escribió, porque había empezado a trabajar en la DAIA. Descubrió un cuadernillo que yo había publicado en Río Cuarto, titulado “La cuestión judía vista desde el Tercer Mundo”. Había persuadido a las autoridades de esa institución de que efectuaran una reedición masiva, y solicitaba mi permiso. Yo acepté encantado. Cuando más adelante me radiqué en Buenos Aires, lo visité en repetidas ocasiones. Entre otros temas, hablamos sobre la suerte que tuve de abandonar la provincia de Córdoba antes del golpe de Estado, porque allí algunos empezaron a decir que yo me había “fugado”. Tenía sobre mis hombros el delito de haber publicado La cruz invertida y ser el intelectual más conspicuo de la ciudad, después del magnífico Juan Filloy. Bernardo estaba seguro de que si me hubiese quedado allá, podría haber corrido la suerte de muchos desaparecidos. Los dos sufríamos al enterarnos sobre el desfile de familiares que concurrían a la DAIA para buscar ayuda sobre parientes arrancados de sus casas. Fue entonces que surgió la iniciativa que, con patética bajeza, Horacio me achaca. No fue una bajeza, sino una determinación de la que me enorgullezco.

Frente a Bernardo Verbitsky los directivos de la DAIA me explicaron que hasta entonces sólo se habían ocupado de cultivar relaciones con políticos y gremialistas. Pero nunca con hombres de las Fuerzas Armadas. Para llegar a los altos mandos y gestionar el paradero y la libertad de gente desaparecida, estaban impotentes. No tenían muchos caminos, porque el antisemitismo era intenso. Por esa razón publicaron un cuadernillo sobre el general José de San Martín, encargado a un historiador llamado Grosso (que yo no conocía, pero sí Bernardo) y donaron la abultada edición al Ejército. De esa forma, establecieron contactos que les permitieron rescatar a algunos jóvenes. Querían llegar también a la Marina. Enterados de que en el año 1977 se cumplirían dos siglos del nacimiento del almirante Guillermo Brown, lucubraron publicar otro cuadernillo dedicado a este prócer y actuar de la misma manera. Bernardo Verbitsky se entusiasmó con la idea y afirmó que yo era el escritor indicado. Mi reacción fue negativa, quizá porque me sublevaba tener que bajar la cabeza ante los represores. “¡Pero se salvarán vidas!”, exclamó Bernardo, con los ojos brillantes por alguna lágrima.

En la misma época me habían invitado a dictar conferencias en Caracas (la democrática Venezuela que recibía muchos exiliados argentinos). Como lectura de viaje llevé en mi maletín materiales sobre historia de la Marina nacional. Hasta ese momento no existía una buena biografía de Brown. Sus peripecias me encantaron. Era un personaje que hubiera seducido a Dumas, Salgari, Conrad, Melville. A mi regreso acepté escribir el cuadernillo, pero sólo si yo me reservaba los derechos de una nueva edición. La DAIA estuvo conforme, sólo quería imprimir 5 mil ejemplares y donarlos a la Marina, para tender el puente que lograse rescatar a la mayor cantidad posible de desaparecidos. Hablé varias veces con Bernardo Verbitsky fuera de la DAIA, para pensar la forma del texto. Le gustó que empezara a mitad de su heroico periplo, porque atraparía el interés del lector. Quien se ocupaba de traerme las pruebas de imprenta ¡a casa! era Herman Schiller, otro redactor de Página/12 que pronto lanzó el valiente periódico Nuestra Presencia, muy crítico del régimen, y donde yo colaboré con intensidad. Schiller también trabajaba en la DAIA. Cuando falleció Bernardo en 1979, ahí publiqué una extensa necrológica titulada “Bernardo Verbitsky también es América”, parafraseando su novela Villa miseria también es América.

Mi folleto se fue extendiendo hasta convertirse en libro. Cuando estuvo terminado e impreso, la DAIA pidió a la Marina que le permitiese efectuar la donación de una forma solemne, para que este esfuerzo se irradiase a todos los mandos y, fundamentalmente, a los sitios de detención (este objetivo no fue expresado, lógicamente). En la DAIA me dijeron que yo debía concurrir, como autor del texto. Me pidieron que estuviese listo para acompañarlos apenas me avisaran. El acto se demoró bastante. Por fin se accedió a recibir la donación y a los directivos de la DAIA en el Edificio Libertad. El acto fue extremadamente informal, todos de pie, apenas se sirvió una bebida y habló el director de la Biblioteca, quien puso en claro que no todo el libro había gustado, aunque agradecía este esfuerzo. Massera NO concurrió. Un directivo de la DAIA preguntó si daban a conocer este acto a la prensa, dada la absoluta ausencia de periodistas. La respuesta fue categórica: “¡No! ¡De eso nos ocupamos nosotros!”. Y, en efecto, se ocuparon de que no saliera ni una línea en ninguna parte. No les resultaba grato que una biografía sobre Brown hubiera sido escrita por un judío e impresa por la DAIA. Sólo apareció una nota en el Diario Israelita.

De modo que Horacio miente cuando se refiere a este tema. Y yo estoy feliz de haber contribuido desde mi trinchera de escritor a salvar varias vidas. Además de haber escrito una obra sobre Brown, de cuyo ritmo y calidad no me arrepiento.

Por la misma época, Horacio Verbitsky estaba contratado por la Fuerza Aérea, pese a su pasado de montonero. ¿No debería darnos alguna explicación sobre su directa colaboración con sus odiados represores, ya que pide decencia? Mientras yo trataba de salvar vidas, ¿qué hacía él? Para no agregar: ¿qué hacían sus patrones, los Kirchner?

Otra grosera mentira de Horacio es afirmar que yo fui funcionario sólo 11 meses. Once meses fui secretario de Cultura, pero desde el 10 de diciembre de 1983 me desempeñé como subsecretario de Cultura. Y después de enero de 1987 seguí como secretario de Estado a cargo del Prondec (Programa Nacional de Democratización de la Cultura), considerada la idea más original de la XXIII Conferencia Mundial de la Unesco en Sofía, y que recibió apoyo y ayuda de las Naciones Unidas. Por ese programa, años más tarde fui nominado dos veces al Premio Educación para la Paz de la Unesco por iniciativa de otros países –enterados de la obra que había realizado para la activa participación de la ciudadanía–, ya que el embajador argentino decidió no respaldar mi candidatura debido a mi oposición política, seguramente.

Mi actividad pública cursó toda la gestión del presidente Alfonsín (cinco años y ocho meses), desde el primer al último día. Y conté con su apoyo entusiasta. El no olvidaba mis trabajos en el CPP (Centro de Participación Política), la Carta esperanzada a un general, que publiqué en pleno gobierno castrense, mi lucha contra todo tipo de censura (por eso nos llamaban “democracia pornográfica”), el odio que me tenía la ultraderecha (expresado por la revista Cabildo) y las tareas para hacer florecer una inolvidable primavera cultural en todo el país. Al terminar mis funciones, emergí más pobre que nunca, porque había desatendido mi consultorio profesional y debía reiniciar casi de cero.

Revela Horacio Verbitsky una bajísima calidad moral al acusar falsamente a mi fallecida esposa de haber utilizado mi auto oficial para asuntos domésticos. Nunca ocurrió tal cosa. Además, muchas veces ni yo mismo lo usaba porque era un cascajo con olores asfixiantes. Era más cómodo desplazarnos en nuestro auto o en el transporte público. ¿Qué pruebas tiene para lanzar semejante embuste?

En cuanto a su reiteración sobre mi jubilación de privilegio, ya he aclarado en cartas de lectores y otros medios que no es tal, porque hice todos los aportes necesarios, como marca la ley. Es más: pagaba en varias cajas simultáneamente por mis diversas actividades, y lo hacía desde muy joven, cuando me designaron jefe de Trabajos Prácticos en la cátedra de Neurología de la Universidad Nacional de Córdoba poco después de recibido.

En cuanto a mi posición sobre Oriente Medio, vuelve a mentir, y espero que sea por ignorancia. Debería leer mi novela Refugiados, crónica de un palestino y advertir la ecuanimidad y la información con que manejo este difícil problema. Pero ocurre que soy un judío que puede defender a los palestinos en sus justos derechos sin tener que, al mismo tiempo, renegar de los justos derechos que también asisten a los israelíes. No padezco auto odio.

Y bien, Horacio. Ahora que he limpiado varios asuntos de tu letrina, podés dedicarte a investigar mi otro rubro: mi familia. Tal vez descubras que cuando pequeño le levanté la voz a mi abuelita y entonces demostrarás que soy un degenerado. Porque tu objetivo es descalificar a las personas, no un debate racional. Ya te conocen.

Espero que después de esta larga explicación (sobre la que pido disculpas a los inocentes lectores), se calme tu odio, respetes mejor a tu noble padre y, sobre todo, te parezcas más a él.

*Escritor.

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Con pena y sin odio - Por Marcos Aguinis*

La respuesta a la nota de horacio verbitsky

foto perfil.comEs evidente que Horacio Verbitsky suda odio y resentimiento. Por eso debe sentirse dichoso como escriba de Néstor Kirchner. Ahora lo proyecta en contra de mí con llamativa obsesión. No quería responderle para no infligirle una herida. Una profunda herida. Además, sus acusaciones son groseramente falsas y ya las he desmentido varias veces. Confieso que me cansa repetir explicaciones, máxime si se basan en calumnias. Aprendí de Arturo Frondizi que no se las debe contestar. Por último, no me agrada escribir sobre mí.

Pero en fin, dedicaré un rato a dar respuesta a las mentiras de Horacio Verbitsky. También anuncio a los periodistas que no me prestaré a seguir con un debate tan estéril. Mi atención es demandada por cosas más importantes.

Sin conocer la vida de Horacio, confieso que lo admiré cuando publicó Robo para la corona. Me pareció una investigación seria y valiente. Util para nuestro vapuleado país. Además, sentía un gran respeto y valoración por la vida y obra de su padre, el novelista y periodista Bernardo Verbitsky.

¿Por qué empiezo con la memoria de su padre? Porque Horacio la mancilla. Me explicaré mejor.

Yo había conocido al escritor Bernardo Verbitsky cuando viajó a Río Cuarto para presentar su gran novela Etiquetas a los hombres. Pudimos hacer un aparte y hablar horas. Coincidíamos en nuestra decepción del sistema soviético, pese a mantener vivos los ideales y valores de la izquierda, y estábamos irritados con quienes calumniaban sistemáticamente a Israel. Bernardo se había convencido de que el anti israelismo muchas veces encubre judeofobia. Lo expresaba en su novela y en las conversaciones. Además, había tenido el coraje intelectual de criticar a Jean Paul Sartre por haber negado el gulag soviético.

Meses después me escribió, porque había empezado a trabajar en la DAIA. Descubrió un cuadernillo que yo había publicado en Río Cuarto, titulado “La cuestión judía vista desde el Tercer Mundo”. Había persuadido a las autoridades de esa institución de que efectuaran una reedición masiva, y solicitaba mi permiso. Yo acepté encantado. Cuando más adelante me radiqué en Buenos Aires, lo visité en repetidas ocasiones. Entre otros temas, hablamos sobre la suerte que tuve de abandonar la provincia de Córdoba antes del golpe de Estado, porque allí algunos empezaron a decir que yo me había “fugado”. Tenía sobre mis hombros el delito de haber publicado La cruz invertida y ser el intelectual más conspicuo de la ciudad, después del magnífico Juan Filloy. Bernardo estaba seguro de que si me hubiese quedado allá, podría haber corrido la suerte de muchos desaparecidos. Los dos sufríamos al enterarnos sobre el desfile de familiares que concurrían a la DAIA para buscar ayuda sobre parientes arrancados de sus casas. Fue entonces que surgió la iniciativa que, con patética bajeza, Horacio me achaca. No fue una bajeza, sino una determinación de la que me enorgullezco.

Frente a Bernardo Verbitsky los directivos de la DAIA me explicaron que hasta entonces sólo se habían ocupado de cultivar relaciones con políticos y gremialistas. Pero nunca con hombres de las Fuerzas Armadas. Para llegar a los altos mandos y gestionar el paradero y la libertad de gente desaparecida, estaban impotentes. No tenían muchos caminos, porque el antisemitismo era intenso. Por esa razón publicaron un cuadernillo sobre el general José de San Martín, encargado a un historiador llamado Grosso (que yo no conocía, pero sí Bernardo) y donaron la abultada edición al Ejército. De esa forma, establecieron contactos que les permitieron rescatar a algunos jóvenes. Querían llegar también a la Marina. Enterados de que en el año 1977 se cumplirían dos siglos del nacimiento del almirante Guillermo Brown, lucubraron publicar otro cuadernillo dedicado a este prócer y actuar de la misma manera. Bernardo Verbitsky se entusiasmó con la idea y afirmó que yo era el escritor indicado. Mi reacción fue negativa, quizá porque me sublevaba tener que bajar la cabeza ante los represores. “¡Pero se salvarán vidas!”, exclamó Bernardo, con los ojos brillantes por alguna lágrima.

En la misma época me habían invitado a dictar conferencias en Caracas (la democrática Venezuela que recibía muchos exiliados argentinos). Como lectura de viaje llevé en mi maletín materiales sobre historia de la Marina nacional. Hasta ese momento no existía una buena biografía de Brown. Sus peripecias me encantaron. Era un personaje que hubiera seducido a Dumas, Salgari, Conrad, Melville. A mi regreso acepté escribir el cuadernillo, pero sólo si yo me reservaba los derechos de una nueva edición. La DAIA estuvo conforme, sólo quería imprimir 5 mil ejemplares y donarlos a la Marina, para tender el puente que lograse rescatar a la mayor cantidad posible de desaparecidos. Hablé varias veces con Bernardo Verbitsky fuera de la DAIA, para pensar la forma del texto. Le gustó que empezara a mitad de su heroico periplo, porque atraparía el interés del lector. Quien se ocupaba de traerme las pruebas de imprenta ¡a casa! era Herman Schiller, otro redactor de Página/12 que pronto lanzó el valiente periódico Nuestra Presencia, muy crítico del régimen, y donde yo colaboré con intensidad. Schiller también trabajaba en la DAIA. Cuando falleció Bernardo en 1979, ahí publiqué una extensa necrológica titulada “Bernardo Verbitsky también es América”, parafraseando su novela Villa miseria también es América.

Mi folleto se fue extendiendo hasta convertirse en libro. Cuando estuvo terminado e impreso, la DAIA pidió a la Marina que le permitiese efectuar la donación de una forma solemne, para que este esfuerzo se irradiase a todos los mandos y, fundamentalmente, a los sitios de detención (este objetivo no fue expresado, lógicamente). En la DAIA me dijeron que yo debía concurrir, como autor del texto. Me pidieron que estuviese listo para acompañarlos apenas me avisaran. El acto se demoró bastante. Por fin se accedió a recibir la donación y a los directivos de la DAIA en el Edificio Libertad. El acto fue extremadamente informal, todos de pie, apenas se sirvió una bebida y habló el director de la Biblioteca, quien puso en claro que no todo el libro había gustado, aunque agradecía este esfuerzo. Massera NO concurrió. Un directivo de la DAIA preguntó si daban a conocer este acto a la prensa, dada la absoluta ausencia de periodistas. La respuesta fue categórica: “¡No! ¡De eso nos ocupamos nosotros!”. Y, en efecto, se ocuparon de que no saliera ni una línea en ninguna parte. No les resultaba grato que una biografía sobre Brown hubiera sido escrita por un judío e impresa por la DAIA. Sólo apareció una nota en el Diario Israelita.

De modo que Horacio miente cuando se refiere a este tema. Y yo estoy feliz de haber contribuido desde mi trinchera de escritor a salvar varias vidas. Además de haber escrito una obra sobre Brown, de cuyo ritmo y calidad no me arrepiento.

Por la misma época, Horacio Verbitsky estaba contratado por la Fuerza Aérea, pese a su pasado de montonero. ¿No debería darnos alguna explicación sobre su directa colaboración con sus odiados represores, ya que pide decencia? Mientras yo trataba de salvar vidas, ¿qué hacía él? Para no agregar: ¿qué hacían sus patrones, los Kirchner?

Otra grosera mentira de Horacio es afirmar que yo fui funcionario sólo 11 meses. Once meses fui secretario de Cultura, pero desde el 10 de diciembre de 1983 me desempeñé como subsecretario de Cultura. Y después de enero de 1987 seguí como secretario de Estado a cargo del Prondec (Programa Nacional de Democratización de la Cultura), considerada la idea más original de la XXIII Conferencia Mundial de la Unesco en Sofía, y que recibió apoyo y ayuda de las Naciones Unidas. Por ese programa, años más tarde fui nominado dos veces al Premio Educación para la Paz de la Unesco por iniciativa de otros países –enterados de la obra que había realizado para la activa participación de la ciudadanía–, ya que el embajador argentino decidió no respaldar mi candidatura debido a mi oposición política, seguramente.

Mi actividad pública cursó toda la gestión del presidente Alfonsín (cinco años y ocho meses), desde el primer al último día. Y conté con su apoyo entusiasta. El no olvidaba mis trabajos en el CPP (Centro de Participación Política), la Carta esperanzada a un general, que publiqué en pleno gobierno castrense, mi lucha contra todo tipo de censura (por eso nos llamaban “democracia pornográfica”), el odio que me tenía la ultraderecha (expresado por la revista Cabildo) y las tareas para hacer florecer una inolvidable primavera cultural en todo el país. Al terminar mis funciones, emergí más pobre que nunca, porque había desatendido mi consultorio profesional y debía reiniciar casi de cero.

Revela Horacio Verbitsky una bajísima calidad moral al acusar falsamente a mi fallecida esposa de haber utilizado mi auto oficial para asuntos domésticos. Nunca ocurrió tal cosa. Además, muchas veces ni yo mismo lo usaba porque era un cascajo con olores asfixiantes. Era más cómodo desplazarnos en nuestro auto o en el transporte público. ¿Qué pruebas tiene para lanzar semejante embuste?

En cuanto a su reiteración sobre mi jubilación de privilegio, ya he aclarado en cartas de lectores y otros medios que no es tal, porque hice todos los aportes necesarios, como marca la ley. Es más: pagaba en varias cajas simultáneamente por mis diversas actividades, y lo hacía desde muy joven, cuando me designaron jefe de Trabajos Prácticos en la cátedra de Neurología de la Universidad Nacional de Córdoba poco después de recibido.

En cuanto a mi posición sobre Oriente Medio, vuelve a mentir, y espero que sea por ignorancia. Debería leer mi novela Refugiados, crónica de un palestino y advertir la ecuanimidad y la información con que manejo este difícil problema. Pero ocurre que soy un judío que puede defender a los palestinos en sus justos derechos sin tener que, al mismo tiempo, renegar de los justos derechos que también asisten a los israelíes. No padezco auto odio.

Y bien, Horacio. Ahora que he limpiado varios asuntos de tu letrina, podés dedicarte a investigar mi otro rubro: mi familia. Tal vez descubras que cuando pequeño le levanté la voz a mi abuelita y entonces demostrarás que soy un degenerado. Porque tu objetivo es descalificar a las personas, no un debate racional. Ya te conocen.

Espero que después de esta larga explicación (sobre la que pido disculpas a los inocentes lectores), se calme tu odio, respetes mejor a tu noble padre y, sobre todo, te parezcas más a él.

*Escritor.

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