14 de julio de 2009

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Los asaltantes engañaron al policía antes de fusilarlo

Los ladrones salían de la parrilla asaltada fingiendo ser clientes. "Están robando el boliche", le dijo uno. Cuando el policía dudó un instante, el otro le disparó a quemarropa. Ya hay identikits de los asesinos.

La pareja ya le había avisado que estaban robando en la parrilla de la esquina. El agente Marcelo De Bernardi avanzó con pasos rápidos y con su mano derecha firme en la cartuchera. En esos segundos previos a su muerte no se detuvo para pedir refuerzos por handy. Casi en la puerta del restorán se cruzó con un joven que le dijo: "Están robando el boliche". Dudó. Pero ya era tarde. Ese descuido de un segundo fue la oportunidad que tuvo el otro ladrón: le disparó con una pistola 11.25. La bala impactó en el chaleco del policía. Cayó al piso y no tuvo tiempo de defenderse. El asaltante se le acercó y le disparó cuatro tiros más. Le sacó el arma y escapó.

Su cómplice ya había huido en la moto en la que habían llegado a robar a la parrilla. Y éste, con las dos pistolas amenazó a un chico que hace el delivery para una heladería y le robó el ciclomotor.

"Es prioridad para nosotros dar con los asesinos de De Bernardi y estamos bien encaminados", aseguró ayer una alta fuente policial. Los investigadores de la comisaría 10a. trabajan sobre una hipótesis: que los dos ladrones no son ajenos al barrio y ya habrían cometido otros robos en la zona. Como actuaron a cara descubierta hay una buena cantidad de testigos que podrían reconocerlos. De hecho, siete de esos testigos aportaron datos para que la Policía hiciera dos identikits que, según los voceros, son "de un alto grado de certeza".

El robo ocurrió el sábado a las 22, en Pedro Goyena y Viel, en Caballito, una zona con mucha oferta gastronómica. Es por eso que allí la comisaría 10a. tiene diagramada una posta de consignas para tratar de evitar robos.

A pesar de eso, los ladrones entraron y, en apenas unos minutos, tomaron el dinero que estaba en la caja y le sacaron algunas pertenencias a los clientes que estaban cenando. Entre las cosas de las que se apoderaron había dinero, alhajas y teléfonos celulares.

Mientras el robo se producía, De Bernardi estaba parado entre una estación de servicio y una heladería a unos 50 metros del restorán. Hasta allí fue la pareja a avisarle lo que pasaba en la esquina.

Las fuentes confirmaron que no hubo tiroteo. Los cinco tiros salieron todos de la pistola calibre 11.25 que tenía uno de los ladrones. Un balazo dio en el chaleco antibalas y el resto en el cuerpo del suboficial: dos en el cuello, uno en la cabeza y uno en el abdomen.

Uno de los ladrones escapó en la moto en la que habían llegado. El otro cruzó Pedro Goyena, y en la puerta de la heladería donde antes estaba el policía, le robó el ciclomotor al chico del delivery.

Si bien a la parrilla entraron dos ladrones, los investigadores no descartan que hayan contado con el apoyo de un tercer cómplice. "En este sentido hay algunos datos contradictorios, la mayoría de los testigos hablan de dos, pero hay otros que mencionan tres".

Ayer a la mañana familiares, amigos y policías despidieron los restos de De Bernardi en medio de mucho dolor. El cortejo fúnebre partió de la sala velatoria, en Córdoba y Salguero, a las 11.15 y se dirigió al cementerio de Chacarita, donde se realizó la inhumación.

Antes, el único familiar del policía que habló fue su cuñado, Roberto Castro. Recordó que el agente amaba la profesión pero cuestionó a las autoridades policiales al señalar que su cuñado se tuvo que comprar su chaleco antibalas.

Colaboraron: Fabricio Soza y Hernan De Corso

http://www.clarin.com/diario/2009/07/14/policiales/g-01957888.htm

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