16 de mayo de 2009

Tiempo de caretas - Por Alfredo Leuco | 15.05.2009 | 23:18

La política parece haber entrado en la caricatura, la sospecha y la ficción de la casa de “Gran Cuñado”. Esta semana hubo por lo menos tres Néstor Kirchner: el auténtico, el Gran Simulador y Freddy Villarreal, el actor que lo imita en el programa de Marcelo Tinelli. Veamos cómo se puede definir a cada uno:

1) El auténtico. Es el que gran parte de los argentinos empezamos a conocer y a padecer en su verdadera dimensión autoritaria después del triunfo de 2005 de Cristina Fernández sobre los Duhalde. Kirchner leyó el resultado como un cheque en blanco, tiró a Roberto Lavagna por la ventana y comenzó a mostrarse tal cual es. Antes había fingido racionalidad estratégica. Su promesa central de campaña había sido “un país en serio” y para asegurarse la victoria no tuvo prejuicios ideológicos para pedir el respaldo de Eduardo Duhalde, ratificar a Roberto Lavagna como ministro y hacerse acompañar en la fórmula por Daniel Scioli, tres dirigentes que hoy ubica en posturas más conservadoras y a la derecha de su propio pensamiento.

De todos ellos, incluido Kirchner, el que tenía y tiene una ventaja comparativa histórica es Lavagna, quien colaboró con todos los gobiernos democráticos desde Juan Domingo Perón hasta la fecha, menos con el de Carlos Menem.

Ese Néstor Kirchner cesarista, ejemplo de la mano dura para conducir el país, es el que perdió por paliza el conflicto contra los pueblos del interior y los productores agropecuarios.

Ese Kirchner, el jueves en el Teatro Argentino de La Plata, denunció que la derecha neoliberal destituyente quiere asaltar el poder y entrar por la puerta de atrás para darle una amnistía a los militares genocidas y para volver a la década del ’90 con una escala en 2001.

Así caracterizó a los rivales con los que competirá en las urnas dentro de 45 días.

2) El Gran Simulador. Sin escuchar a Los Plateros ni a Freddie Mercury, es el que acepta someterse al mandato de las encuestas que le piden a gritos que deje de gritar. Que baje el tono, que no ataque más a Julio Cobos porque de esa manera no hace otra cosa que beneficiarlo, y que se muestre manso y tranquilo.

Algunos de sus colaboradores intentaron darle estos consejos y en su momento fueron expulsados de la cercanía del poder. Pero ahora, cuando el aumento de su imagen negativa es más que evidente, Kirchner aceptó las sugerencias y se dispuso a fingir. El problema es que es muy mal actor. Simula que es una persona reflexiva y abierta a las críticas pero se nota que el corset le ajusta demasiado. Algunos ministros hacen sus apuestas sobre cuánto aguantará el propio Kirchner a ese personaje afable y comprensivo que besa chicos pobres en sus caminatas por el Conurbano. En su discurso de 51 minutos resultó patético el esfuerzo que hacía para bajar los decibeles y la voz le salía casi como un susurro. Hizo presuntos chistes (“Voy a escribir un libro que se llame: Mis errores”) y sacó una vez mas su afán de mostrarse combativo y alardear de lo que no hizo.

Con lágrimas en los ojos y a poco de comenzar a hablar entre los cánticos que aseguraban que “Néstor va a volver/ con la Jotapé”, le agradeció a sus “pibes por haber soportado los ataques cobardes de cierta prensa” y a “la Presidenta Coraje, mi compañera de toda la vida con la que estuvimos refugiados, perseguidos y a veces encarcelados”. En los tiempos de la dictadura, los Kirchner supieron edificar una parte de su fortuna y no hay demasiados registros ni testimonios de la persecución personal que sufrieron. Para ser rigurosos con el lenguaje, hay que decir que Kirchner estuvo unas horas demorado y bien tratado según lo reveló el ex diputado Rafael Flores, quien lo acompañó en ese momento.

Hablar de sí mismo como “encarcelado” por el terrorismo de Estado es ofender la memoria de los que realmente fueron asesinados y desaparecidos.

3) El de Tinelli. En su piel apareció un Kirchner travieso que jugaba con la banda presidencial que en realidad era la de Racing. Y una amenaza velada a Marcelo Tinellli por algo que realmente ocurrió. “Criticame todo lo que quieras pero, ¿tenés todos los papeles en regla, no?”, le decía el muñeco de Kirchner al dueño de Ideas del Sur. No hace mucho tiempo, Tinelli recibió en sus oficinas de la calle Olleros esas famosas inspecciones integrales de los sabuesos de la AFIP que muchos empresarios (sobre todo de medios) han sufrido porque tienen más objetivos intimidatorios que recaudatorios.

Nadie estuvo ajeno a lo que se cocinaba en ShowMatch y que fue seguido por alrededor de 3 millones de personas, sin contar el interior del país, donde también hizo furor. Aníbal Fernández, otro de los caricaturizados, en su carácter de ministro de Justicia confesó la preocupación del Gobierno: “¿No podríamos dejarla a un costadito a la Presidenta? Lo digo por todos, incluso por la producción de Tinelli. Total, hay políticos como para hacer dulce”. Fernández también se había quejado por los “excesos” y hasta tuvo la audacia de hablar de que esas actuaciones “deberían regularse”. Fernández evidenció humor para reírse de su propio personaje y eso es valioso.

Pero también hay que decir que no se recuerda que haya propuesto alguna regulación para preservar la investidura presidencial cuando el burlado era Fernando de la Rúa. Además, el propio Néstor Kirchner se prestó para actuar en un sketch en la intimidad de la Casa Rosada donde se gastaba fuertemente al ex presidente radical. Siempre molesta más la paja en el ojo propio. Cobos tiene altas responsabilidades también. Su personaje lo muestra más indeciso que De la Rúa, lo que obviamente no le gustó nada. Y Aníbal Fernández tampoco manifestó preocupación por eso.

En la realidad, la comedia de enredos se puede observar en todo lo que ocurre alrededor de la investigación del juez federal Federico Faggionatto Márquez que tiene como testigo al candidato Francisco de Narváez. Se nota la garra y la actitud combativa que el magistrado le pone para no dejar caer de los títulos de los diarios a De Narváez.

Se nota que su situación en el Consejo de la Magistratura es comprometida y que quiere hacer buena letra con los comisarios políticos del organismo, que podrían terminar con su carrera en un santiamén. Para ser justos, también hay que decir que De Narváez se muestra arisco, incómodo, declara por escrito y no termina de dejar claro quién y por qué hizo esas llamadas al “rey de la efedrina” desde un teléfono celular a su nombre. Como si la cancha no estuviera suficientemente embarrada, Mario Segovia denunció que el juez le prometió beneficiarlo si involucraba al candidato de Unión-PRO. Y la frutilla fue la injerencia del ministro Fernández, que salió a respaldar al juez y a decirle a De Narváez que no iba a poder zafar de ir a declarar. Demasiado confuso todo cuando faltan un mes y medio para estas elecciones tan trascendentes.

Francisco de Narváez también frecuentó la ficción. Se hizo invitar al programa de Jorge Rial del canal de su propiedad para trabajar de simpático y saludar a Roberto Peña, el actor que lo parodia en forma bastante light en la famosa casa tinelliana. La foto del apretón de manos entre el Colorado y su imitador fue distribuida por su oficina de prensa. En lo estrictamente político, De Narváez resolvió nominar a Felipe Solá y expulsarlo de la casa de la campaña. Va a ser difícil ver juntos a ambos en vivo y en directo, en spots publicitarios, en afiches y pintadas.

El oficialismo firma todo con la fórmula presidencial de 2003: “Kirchner-Scioli”. Es una forma de metamensajear los viejos buenos tiempos. El peronismo disidente, en cambio, utilizará las figuras de De Narváez y Mauricio Macri. Solá no se queda quieto. Descartó toda posibilidad de dar un portazo para no beneficiar a Kirchner, pero ya está reagrupando a su tropa para ofrecerse como la pata bonaerense del acuerdo del peronismo del centro del país que tiene a Carlos Reutemann como candidato a presidente para 2011.

Después del reparto de porotos del 28 de junio, los ganadores de cada distrito se sentarán a la mesa de la Liga de los gobernadores, como anticipó el sanjuanino José Luis Gioja. Tal vez por eso, el lanzamiento de Néstor puso toda la carne en el asador, aunque esa parrilla sólo contó con dos gobernadores: Sergio Uribarri y el propio Scioli. Algo se está gestando. Se huele al respirar, decía la canción. En la intimidad, varios felipistas excluidos dicen: “El Colorado es peor que Kirchner. Su única ventaja es que –por ahora– su billetera es privada y la de Néstor es estatal. Pero no tiene una sola de las virtudes de la nueva política y tiene todos los defectos de la vieja”. Básicamente se refieren a la inestable fugacidad de los acuerdos políticos que firma De Narváez y a su notable inexperiencia política, que lo lleva a cometer demasiados errores. Solá y Macri le ganaron de mano en las declaraciones públicas, pero De Narváez quería sumar a los dos íconos de la mano dura y el autoritarismo: Aldo Rico y Luis Patti. Encima cometió sincericidio cuando dijo que “hubiera sido mejor un tercer gobierno de Menem que el de Kirchner”. Se la dejó picando frente al arco para que el presidente del PJ dijera: “A confesión de partes, relevo de pruebas”.

Esa opinión genuina de De Narváez tampoco cayó bien en las huestes del macrismo y mucho menos en los oídos de Gabriela Michetti, que –hasta ahora– no apareció en ninguna foto con el ex dueño de Casa Tía.

Felipe Solá aceptó con ironía y por radio que “siempre es bueno que hablen de uno, incluso bien”, cuando le preguntaron si se sentía cómodo con el imitador que lo hace más petiso de lo que es. Pero ni Elisa Carrió se privó de hablar de su “doble” en la gran casa que no es rosada. En el cierre de su discurso de presentación del Acuerdo Cívico y Social en el teatro Gran Rex dijo: “Mi personaje dice en lo de Tinelli que yo tengo en el cielo a San Pedro de puntero político”. Guiñó un ojo a la platea y como en el judo utilizó la fuerza del oponente para multiplicar la suya: “Es verdad, tenemos a San Pedro de nuestro lado, al intendente de San Pedro (Mario Barbieri va tercero en la lista de Buenos Aires), y también desde el cielo tenemos a Raúl Alfonsín y a Alfredo Bravo”.

La ficción y la caricatura entraron de lleno en la política. Hasta hay un debate entre consultores, asesores de prensa e imagen, oyentes de radio y militantes sobre cuál es el tipo de presión que el Gobierno ejerció en la votación del programa de Tinelli. Es inimaginable que un panorama político tenga que analizar las tendencias sobre un programa humorístico. Pero ésta es “La Casa del Gran Argentino”. O “ArgentinaMatch”.

Los que defienden los colores del kirchnerismo dicen que hay que utilizar todos los métodos para sacar cuanto antes de la casa a Martín Bossi, el actor que parodia a Cristina Fernández. Dicen que su imagen y su autoridad se deterioran demasiado y apelan a todos los mecanismos. A la declaración pública como hizo Aníbal Fernández, a la presión privada como han hecho algunos funcionarios, y a la militancia para que llame por teléfono y vote para que Cristina sea la primera en irse de ese infierno mediático burlón. Algunos, con más servicios que inteligencia, utilizan otros métodos más pesados. Desde una computadora que preparada para hacer miles de llamados en forma automática las 24 horas hasta fomentar la antinomia ideológica de considerar a Tinelli un “ariete del Grupo Clarín”. Son los que mandaron a los más fanáticos y menos reflexivos a pintar de madrugada con aerosol negro varias oficinas de avisos del diario o, peor aún, a provocar y amenazar a los cronistas que cubren los actos de campaña.

No sabemos qué diría Max Weber al respecto, pero no hay que ser sociólogo para darse cuenta de que hay un sector importante de la clase media que ya no soporta nada que venga de los Kirchner y también llama para votar que Cristina se vaya de la casa.

Su fantasía destituyente les hace pensar que si ella sale primero será como una suerte de mensaje de que quieren que también salga de la Casa Rosada.

Ridiculeces de televidentes y torpezas irracionales. Presuntamente, todos votaron para nominar a Cristina. Los oficialistas y los opositores. Tinelli facturó a dos manos. Hay un infantilismo penoso al que muchos han reducido a la política argentina que lleva a mezclar peligrosamente la ficción con la realidad. O un juego televisivo con la sagrada misión de gobernar para transfomar la realidad injusta.

Unos se atrincheran en el discado popular y prolongado y otros quieren ver el mito de Evita en Nacha platinada y capitana. Ella volvió de la Polinesia y fue millones de votos telefónicos. Nacha de Noche también está en la casa pero todavía nadie la nominó. La política da sorpresas.

A veces da risa y otras, se ríe de nosotros.

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